Brechas de la consulta

Fuente: Airgways

La consulta popular que organizó el partido político Morena, respecto a las opciones de 1) continuar la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco, o 2) del habilitamiento de un sistema aeroportuario que abarque el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, la base militar Santa Lucía y el Aeropuerto Internacional de Toluca, reavivó el tema de la aplicación de las consultas públicas en nuestros país, aunque de manera controversial.

Por el lado positivo de lo que se vivió en varias ciudades del país —porque no se puede considerar que haya sido en todo en la totalidad del territorio mexicano— tenemos que la consulta popular significa la participación de la ciudadanía en el debate sobre algún tema de relevancia social, y con ello el fortalecimiento de la democracia desde el punto de vista en que en una democracia cada voto cuenta y cada ciudadano tiene voz y voto. Es decir, la posibilidad de que la ciudadanía exprese y decida el destino del mismo país, con lo cual se voltea hacia la participación que por lo general está reducida a acudir a la urna en las elecciones de nuestros representantes.

Sin embargo, considero que hay más aspectos negativos —o poco favorables por decir lo menos— sobre el ejercicio desarrollado hace poco más de una semana entre el 25 y el 28 de octubre, ya que actualmente existe una regulación de esta figura participativa, la Ley Federal de Consulta Popular (LFCP), la cual se publicó el 14 de marzo de 2014. Si recurrimos a ella para valorar el desarrollo de la consulta pública del NAIM organizada por Morena, se observan algunos aspectos que la privan de ser un ejercicio realmente democrático.

Fuente: Animal Político

Entre estos aspectos está que una consulta popular debe ser convocada por el Congreso de la Unión a petición de: 1) el Presidente de la República; 2) el equivalente al 33% de los integrantes de cualquiera de las Cámaras del Congreso de la Unión; o 3) la ciudadanía, en un número equivalente —al menos— al 2% de los inscritos en la lista nominal de electores. Además, la petición tiene que ser aprobada por la mayoría de cada cámara del Congreso de la Unión, y debe ser organizada por la autoridad electoral —el INE en este caso—. Para la Consulta para el NAIM, no se cumple condición alguna de las mencionadas, ya que la convocatoria y organización fue por parte del presidente electo y el partido al que pertenece.

Así también, la cualidad vinculante de la consulta popular —según la LFCP— se alcanza cuando se tiene una participación de al menos el 40% de la lista nominal del INE, que actualmente equivale a aproximadamente 35 millones 800 mil votos. Respecto a la consulta del NAIM, el presidente electo utilizó el voto de los mexicanos como un pretexto para decidir —por decreto de él mismo— lo que se hará en materia aeroportuaria, ya que el número de votos que se ejercieron fueron un millón 57 mil 859, lo que corresponde aproximadamente a un 1.2 % de la lista nominal del INE [1]. Es decir, no debería de tener poder vinculante debido a que carece de representatividad alguna, si se habla de materializar «la decisión» de todos los mexicanos, porque además las casillas se ubicaron en zonas correspondientes a distritos ganados por Morena durante la elección pasada.

Fuente: El Economista

Con todo lo que menciono no quiero que se me malinterprete: celebro la realización de ejercicios que involucren a la ciudadanía en temas que suelen ser decididos a discrecionalidad y siguiendo intereses que corresponden solo a las elites y no al grueso de la población. Sin embargo, el hecho de que el propio presidente electo no haya tomado en cuenta los aspectos legales que obviamente no son menores a la hora de realizar estos ejercicios, me deja la impresión de que la consulta fue solo un pretexto para legitimar a la fuerza una decisión que ya estaba tomada, y que las mismas instituciones son hechas menos por quien ocupará el cargo político de mayor renombre durante los próximos seis años. Me da pesar que un mecanismo de democracia participativa siga siendo —como ya se ha señalado por varias personas [2] [3] [4]— una forma de legitimar agendas partidistas en coyunturas de gran calado.


1. Al 19 de octubre de 2018, la lista nominal está integrada por 89,698,994 registros.

2. «Consulta Popular en México»

3. «La impopularidad de la consulta popular»

4. «La consulta popular en México, su apliación y algunos modelos latinoamericanos»


Texto de Jesús Alejandro Tello – jesustello@delibera.org

Spotización de las campañas

Fuente: El Dictamen

Son al menos doce años desde que en México ha regido la spotización de las campañas electorales. Para esta ocasión, durante los excesivos noventa días que el Instituto Nacional Electoral (INE) concede a los candidatos (Ricardo Anaya, José Antonio Meade, Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez) y a la candidata (Margarita Zavala), se transmitirán casi 23 millones de spots para convencer a la población de que cada quien son la mejor opción (o que el otro es peor). Esto tan solo durante las campañas oficiales, ya que desde las precampañas se les otorga otro determinado número de espacios en radio y televisión a los precandidatos (aun sea un solo precandidato por partido, en una clara simulación de contienda interna). 

La spotización electoral que se vive favorece a que la exposición del proyecto para el país de cada candidatx se reduzca a unas cuantas frases repetitivas hasta el cansancio, en detrimento de un modelo de debate argumentativo. Además, sistematizan los ataques y la descalificación casi personal en lugar de la promoción de las propuestas propias. Eso sumado a los discursos contradictorios con el historial de cada candidatx y el recurrir a lugares comunes o posiciones bastante ambiguas. También cabe mencionar que se cae en el culto a la personalidad ya que la mayor parte del tiempo es el candidato quien sale o se escucha.

Por ejemplo, en sus primeros spots de campaña Meade apela a su preparación para combatir la inseguridad, la corrupción y la pobreza por haber estudiado las licenciaturas que cursó. Sin embargo, tropieza rotundamente con su propio pie en el tema de corrupción, ya que menciona que muchos políticos corruptos están en la cárcel hoy en día gracias al trabajo que ha realizado en la administración pública, y que la propia gente sabe quiénes son esos políticos. En una conferencia de prensa una reportera le preguntó por nombres específicos, y solo dio la vuelta aludiendo a lo que dice el propio spot y que si no sabían, que lo averigüen. Así también, utiliza el recurso del miedo para descalificar dichos de López Obrador.

AMLO, por su parte, mantiene su discurso de la austeridad: dice que percibirá la mitad del sueldo destinado al presidente, vivirá en su domicilio actual y no en Los Pinos y no utilizará los servicios del Estado Mayor Presidencial. Así también, aún sostiene que quienes gobiernan al país son aquellos que pertenecen a la “mafia del poder”; aunque ha atenuado la dureza con la que se manejaba en las dos anteriores campañas. Si bien es el candidato puntero, y con un buen margen de ventaja, podría repetirse la historia ya vista en que era quien lideraba la intención de voto en 2006 y 2012 al inicio de campaña. Además su discurso gastado puede no tener el mismo impacto que antes. Pero como ventaja tiene la coalición que hizo con el partido de ultraderecha, Encuentro Social, quien le puede dar los pequeños porcentajes que le han faltado para llegar a la silla presidencial, además de que es una de las alternativas que no ha tenido la presidencia de México.

La apuesta de Ricardo Anaya en sus spots parte de una visión del futuro posible para México, donde a través de la tecnología y los recursos que se tienen se puedan resolver los problemas que se tienen en el país. Él también hace alusiones a sus contendientes: por una parte dice que el PRI ya se va, y que la opción de López Obrador es anticuada. Tal vez hay que recordarle las pifias que cometieron los dos presidentes emanados de su partido durante los dos primeros sexenios de este siglo. 

Por último, la única candidata mujer, Margarita Zavala, es reiterativa con su apuesta a los valores según su concepción de cómo deberían conducirse las personas y el gobierno. Además también hace alusiones personales a AMLO, descalificando algunas de sus afirmaciones. Y su discurso no es muy diferente al de su esposo y ex presidente, Fecal: propone enfrentar al crimen organizado con toda la fuerza del Estado, colocando su confianza en el ejército y las fuerzas armadas del país. Ya sabemos cómo termina esa historia. También dice que fortalecerá a la policía en México, para la adecuada protección de la familia, pero es precisamente ahí donde se vuelve ambiguo ya que no es lo mismo el utilizar al ejército para tareas de seguridad pública que el fortalecer a las policías. Y relacionado a estos temas hay una terrible omisión de la prevención social que debería ser el pilar central en asuntos de seguridad pública. 

Aún quedan alrededor de dos meses de campaña y muchos más spots por ver y/o escuchar. La saturación de la audiencia es inevitable, junto a la unidireccionalidad de la comunicación, por lo que en este bombardeo publicitario hay que complementar con otras opciones que nos permitan un diálogo interactivo.

Texto de Jesús  Alejandro Tello Cháirez  – jesustello@delibera.org